viernes, 16 de noviembre de 2012

EPISODIOS NACIONALES, Serie segunda: 6. Los cien mil hijos de san Luis, de Benito Pérez Galdós

Edición: Libro electrónico
Páginas: 199

Esta novela, la cuarta de la Segunda Serie de los Episodios Nacionales: El reinado de Fernando VII,  la publicó Benito Pérez Galdós en 1876.Esta novela, la sexta de la Segunda Serie de los Episodios Nacionales: El reinado de Fernando VII,  la publicó Benito Pérez Galdós en 1877.

El gran friso narrativo de los Episodios Nacionales sirvió de vehículo a Benito Pérez Galdós (1843-1920) para recrear en él, novelescamente engarzada, la totalidad de la compleja vida de los españoles ­guerras, política, vida cotidiana, reacciones populares­ a lo largo del agitado siglo xix.

LOS CIEN MIL HIJOS DE SAN LUIS es la expresión irónica y popular con que fue designado el ejército francés que, a las órdenes del duque de Angulema, invadió España en 1823 para imponer nuevamente, tras el llamado «trienio constitucional», el régimen absolutista. Engarzado con la peripecia novelesca, presenciamos el inexorable avance de esta fuerza que acabó con la Constitución gaditana de 1812 en el mismo lugar donde ésta vio la luz.

Comienza así:

“En Bayona, donde busqué refugio tranquilo al separarme de mi esposo, conocí al general Eguía. Iba a visitarme con frecuencia, y como era tan indiscreto y vanidoso, me revelaba sus planes de conspiración, regocijándose en mi sorpresa y riendo conmigo del gran chubasco que amenazaba a los franc-masones.”

LEIDO por.... Andrés:

Alterna Galdós la narración en primera persona, un supuesto manuscrito de Jenara, convertida en una mujer de armas tomar, con un relato fruto de las ”laboriosas indagaciones para allegar lo que falta” por parte de un narrador omnisciente, y así continúa con las aventuras de Salvador Monsalud, gafe convencido, “lo bueno existe mientras yo lo deseo. Pero lo toco, y adiós”, vistas la mayor parte del tiempo, como queda dicho, desde el punto de vista de Jenara, que lo persigue para reconquistarlo, dispuesta a hacer todo tipo de diabluras para conseguirlo, incluso una “carta homicida”, pero que todo se le vuelve en contra.

 
 Intervención francesa en España en 1823, de Hippolyte Lecomte (1781-1857)

Maduran los personajes y con ellos la trama, que nos muestra a Salvador Monsalud  recorriendo España y a Jenara detrás. Vimos a la Constitución nacer en Cádiz de la mano de Gabriel Araceli y ahora la vemos morir de la mano de Jenara, para deleite de los lectores.

"Cuando salí al patio y en el momento de pasar bajo el cocodrilo que simboliza la prudencia,
la alta campana de la Giralda dio las cuatro"

Seguimos con su intemporal visión de la política:
El orador hablaba de la patria, del inminente peligro de la patria, y de la salvación de la patria y de la gloria de la patria. Es el gran tema de todos los oradores, incluso los buenos. No he conocido a ningún político que no estropeara la palabra patriotismo hasta dejarla inservible

 Espoz y Mina

Algunas palabras o expresiones que me han gustado, han sido:
"las lindas andaluzas que alegrarían un cementerio, cuanto más un patio de Sevilla"
"
salía gozoso a saludarme el descendiente de cien Reyes, pegado a su regia nariz" (homenaje a Becquer)
"estar en salvo" (estar a salvo)

El viejocalabaza 18 probándose las botas de Napoleón
preparándose para la campaña de España

Palabras recuperadas:
búcaros
verdulera

Mi cachico:


Desde muy temprano me levanté, pues poco dormí aquella noche. Las noches de Sevilla no parece que son, como las de otras partes, para dormir. Son para soñar en vela… Le aguardaba con tanta impaciencia, que a cada instante salía al balcón, esperando verle entre la multitud que pasaba por la calle de Génova. De repente me anunciaron una visita. Creí verle entrar; salí corriendo; pero mi corazón dio un vuelco quedándose frío y quieto, cual si hubiera tropezado en una pared. Tenía delante al príncipe de Anglona, un señor muy bueno, un caballero muy simpático, muy atento, pero cuya presencia me contrariaba extraordinariamente en aquel instante.
Venía para llevarme al Alcázar.
—Su Majestad —me dijo—, recibe ahora muy temprano. Anoche le manifesté que estaba usted aquí y me rogó que la llevase a su presencia hoy mismo.
Yo quise hacer objeciones, pretextando la inusitada hora, pues no habían dado las once; pero nada me valió. Érame imposible resistir a aquella majadería insoportable que revestía las formas de la más delicada atención. Tampoco podía defenderme con dolor de cabeza, vapores u otros recursos que tenemos para tales trances. Humillé la frente como víctima expiatoria de las conveniencias sociales, y después de arreglarme me dispuse a aceptar un puesto en la carroza del Príncipe, no sin dejar antes a mi criada instrucciones muy prolijas para que detuviera hasta mi vuelta al que forzosamente había de venir. Partí resuelta a hacer a Su Majestad visita de médico. En aquella ocasión deploré por primera vez que existieran Reyes en el mundo.
Poca es la distancia que hay de la calle de Génova al Alcázar. Antes de las doce estaba yo en la Cámara de Su Majestad y salía gozoso a saludarme el descendiente de cien Reyes, pegado a su regia nariz.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

EPISODIOS NACIONALES, Serie segunda: 5. 7 de julio, de Benito Pérez Galdós

Edición: Libro electrónico
Páginas: 150

Esta novela, la quinta de la Segunda Serie de los Episodios Nacionales: El reinado de Fernando VII,  la publicó Benito Pérez Galdós en 1876.

El 7 DE JULIO de 1822, fecha del levantamiento de los generales Riego y Ballesteros, quedó como fecha conmemorativa de un triunfo constitucional y popular que no sería tan duradero como pensaron los milicianos nacionales y los oradores de clubs y sociedades que celebraron su victoria sobre la conspiración urdida desde el propio Palacio. Episodio de fuerte intervención ciudadana localizado totalmente en Madrid, reúne las condiciones idóneas para que
Benito Pérez Galdós dibujara en él una estampa histórica llena de interés y vida que se entrevera con la peripecia novelesca que protagoniza en esta «Segunda serie» Salvador Monsalud.

Comienza así:

Parece que no ha pasado el tiempo. Todo está lo mismo. Ved la calle, la casa, los peces de colores nadando y revolviéndose con incesantes curvas en sus estanques; ved las jaulas de grillos colgadas en racimos a un lado y otro de la puerta; fijad la atención en la ventana de la escuela y oíd el rumor de moscardones que por ella sale. Nada ha cambiado, y D. Patricio Sarmiento, puntual e inmutable en su silla como el sol en el firmamento, esparce la luz de su sabiduría por todo el ámbito del aula

LEIDO por.... Andrés:

En contra de lo que aparece en la reseña de la novela, la misma que está en casi todas las ediciones digitales y que proviene de la edición de Alianza, el 7 de julio no fue la fecha  del levantamiento de los generales Riego y Ballesteros, sino que en esta fecha clave del trienio liberal ocurrió un hecho contrarrevolucionario. Corresponde al día en  que la guardia real se rebela desde el Pardo realizando un asalto contra la corte, siendo rechazada por la milicia nacional.  La acción transcurre, pues, en el Trienio Liberal.



Y de la mano del gran Galdós, con su espléndida prosa, seguimos la aventuras de Salvador Monsalud, de Urbano  Gil de la Cuadra y de su hija Soledad, por esos tiempos tan revueltos, de enfrentamientos fraticidas que durante tantísimos años asolaron España. 
 

 

Refinado cuando quiere, así nos relata un enfrentamiento en ese 7 de julio: “Se crean multitud de cardenales, aparecen rozaduras, magulladuras, protuberancias, y centenares de narices sangran enrojeciendo el suelo”, no olvida regarnos el relato con su fino humor:
  • la señora de Cordero y los borreguitos, que eran tres, si no miente la historia
  • Las patriotas, que eran género abundante en la calle Mayor, salían cargadas de confituras, vino, pasteles y cantidad de regalitos para obsequiar a los héroes
  • la palmeta se cubría de polvo en un rincón de la mesa” Manera sutil de describir los porcedimientos disciplinarios de las escuelas
  • "sabía ser pobre, cualidad rara en todos los tiempos"
  • "se encasquetó el sombrero con la presteza de un estudiante calavera"
  • "Bigote amarillo, como madejilla de hilos de oro pálido ornaba su boca no menos encarnada que una cereza, y sin aquel ligero emblema de su condición masculina, la cara del primo Anatolio habríase confundido con la de una asturianaza guapetona o mofletuda pasiega"

Algunas palabras o expresiones que me han gustado, han sido:
andar buscando el pelo al huevo
les ponía cual no digan dueñas
preopinante
¡Desgraciada sociedad la que desconoce el entusiasmo!

Palabras recuperadas:
cachivache

Palabras o expresiones que me han sorprendido:
militar de club


Mi cachico:

 
El comandante de la Milicia que mandaba en aquel punto a los cazadores sintió en su interior un estremecimiento terrible, una rápida sensación de frío, a que siguió súbito calor. Ideas ardorosas cruzaron por su mente; su corazón palpitaba con violencia; su pequeña nariz perdió el color; resbaláronsele por la nariz abajo los espejuelos de oro; apretó el sable en el puño; apretó los dientes, y alzándose sobre las puntas de los piececillos, hizo movimientos convulsivos, semejantes a los de un pollo que va a cantar; tendiéronsele las cuerdas del pescuezo; púsose como un pimiento, y gritó: 

-¡Viva la Constitución!... ¡Cazadores de la Milicia... a cargar! 

Era el nuevo Leónidas, D. Benigno Cordero. Impetuoso y ardiente se lanzó el primero, y tras él los cazadores atacaron a la bayoneta

Antes de dar este paso heroico, verdaderamente heroico, ¡qué horrible crisis conmovió el alma del pacífico comerciante! D. Benigno no había matado nunca un mosquito; don Benigno no era intrépido, ni siquiera valiente, en la acepción que se da vulgarmente a estas palabras. Mas era un hombre de honradez pura, esclavo de su dignidad, ferviente devoto del deber hasta el martirio callado y frío; poseía convicciones profundas; creía en la libertad y en su triunfo y excelencias, como en Dios y en sus atributos; era de los que creen en la absoluta necesidad de los grandes sacrificios personales para que triunfen las grandes ideas, y viendo llegado el momento de ofrecer víctimas, era también capaz de ofrecer su vida miserable. Era un alma fervorosa dentro de un cuerpo cobarde, pero obediente

jueves, 1 de noviembre de 2012

EPISODIOS NACIONALES, Serie segunda: 4. El Grande de Oriente, de Benito Pérez Galdós

Edición: Libro electrónico
Páginas: 195

Esta novela, la cuarta de la Segunda Serie de los
Episodios Nacionales: El reinado de Fernando VII,  la publicó Benito Pérez Galdós en 1876.  

El Grande Oriente recoge, en su título, el nombre de una activa sociedad secreta que intervino poderosamente en los acontecimientos que agitaron la vida política española en el trienio constitucional que fue de 1820 a 1823. En este período, dominado por una agitación política y social en la que siguieron encontrando caldo de cultivo los vicios ancestrales de la sociedad española, Salvador Monsalud continúa desgranando su azarosa trayectoria civil y sentimental.

Comienza así:

Sí; era en la calle de Coloreros, en esa oscura vía que abre paso desde la calle Mayor hasta la plazuela y arco de San Ginés. Allí era, sin duda alguna, y hasta se puede asegurar que en la misma casa donde hoy admira el atónito público fabulosa cantidad de pececillos de colores dentro de estanques de madera y muestras preciosas de una importantísima industria: las jaulas de grillo. Allí era, sí, y no es fácil que ningún contemporáneo lo niegue, como han negado que Francisco I estuviese en la torre de los Lujanes y que Sertorio fundara la Universidad de Huesca (que es achaque de los modernos meterse a desmentir la tradición). Allí era, sí, en la calle de Coloreros y en la casa de los rojos peces y de las jaulas de grillos, donde vivía el gran D. Patricio Sarmiento.

LEIDO por.... Andrés:

Salvador Monsalud vuelve a la palestra, de la mano del  Galdós más irónico y socarrón. Un protagonista un poco pesimista “Si es verdad que los hombres nacen con buena o mala estrella, la que andaba por los cielos el día en que yo vine al mundo era la más mala, la más perra de todas” y que, en comparación de Gabriel de Araceli, al que dejamos al finalizar la primera serie, resulta más lleno de contradicciones y por lo tanto más real, más creíble. Y de la mano de este personaje el autor nos hace una descripción feroz de la masonería y otras sociedades de entonces.

 
Píramo y Tisbe [representados en un fresco de Pompeya] no 
tuvieron que horadar paredes para hablarse

Vuelve
Galdós a demostrarnos que la casta nos viene a los galgos de largo:
  • Era, en fin, la corrupción de la masonería extranjera, que al entrar en España había de parecerse necesariamente a los españoles
  • es el primer caso que veo de un hombre a quien le dan esta bendición de Dios que yo tengo en la mano y se queda sereno y frío como tú estás ahora. Tú no eres hombre, tú no eres español. [al darle una canonjía admirable en la secretaría del Consejo de Indias]
  • en todos los incidentes de la sesión salía a la superficie un espumarajo de gárrula patriotería
  • El partido es el partido, y el que no crea que el partido es como debe ser, espere a ver en qué para el partido y se convencerá”, pero ¿en que año se dijo esto?¿no parece de ahora mismo?. Lo dice el mismo Galdós: “orador que, como se ha visto, no ha dejado de tener herederos en la política española.
Si para algo sirve la lectura de estos libros es para darse cuenta de que las situación actual no ha surgido de la nada.


Socarrón
Galdós, y un poco cruel a veces: 
-Pues mi opinión es que elijamos un tonto. Es fácil de encontrar.
-Ya tengo mi hombre -dijo vivamente y con alegría Monsalud.
-¿Has hallado el tonto?
-Un maestro de escuela.
-Viene a ser lo mismo.
 y ambiguo otras:la pobre Andrea, avisada del peligro por una intuición potente, hizo esfuerzos instintivos para sostenerse erguida y pomposa, vuelta hacia el sol la virginal corola; pero el viento soplaba con demasiada fuerza y se dobló

Algunas palabras o expresiones que me han gustado, han sido:
empingorotar
pamema
Madre e hijo son tan amables que, la verdad, cuando uno entra en esta casa, no encuentra la puerta para salir.
Dicen que habrá tocata de trágalas y sinfonía de mueras y vivas

Palabras o expresiones que me han sorprendido:
¡Guay de nosotros si no les ayudamos!


Mi cachico:

Poco después del medio día una horda de caníbales se reunía en la Puerta del Sol, mejor dicho, se diseminaba, marchándose cada animal por su lado, después de acordar juntarse por la tarde en el mismo sitio. Así lo hicieron, y las autoridades miraban aquello como se mira una fiesta. Después de las cuatro los grupos volvieron a invadir la Puerta del Sol. Había en ellos una frialdad solemne y lúgubre, como de quien no fía nada al acaso ni a la pasión, sino al cálculo y a la consigna. La autoridad seguía no viendo nada, o negligente o cómplice o imbécil que las tres cosas pueden ser. Los grupos susurraban, y por un momento vacilaron; pero al cabo de cierto tiempo dirigiéronse por la calle de Carretas y las de Barrionuevo y la Merced, a la cárcel de la Corona. Llenose la calle de la Cabeza en su mayor parte. Destacábase al frente de uno de los grupos el ciudadano Pelumbres, arengando como una bestia que hubiese aprendido durante corto tiempo y por arte milagroso, el lenguaje de los hombres. Casi todos llevaban armas menos él. 

Considerando que su persona no estaba completa, pidió una navaja; mas como nadie se hallase dispuesto a tal generosidad, dirigió su mirada de buitre a todas partes. Hacia la calle de San Pedro Mártir estaban construyendo una casa. Pelumbres se acercó a la empalizada; vio algunas piedras de granito a medio labrar y encima de ellas un gran martillo. 

-Para el sastre la aguja -dijo-, la lezna para el zapatero; el cuerno, para el toro, y para el herrero el martillo

miércoles, 24 de octubre de 2012

EPISODIOS NACIONALES, Serie segunda: 3. La segunda casaca, de Benito Pérez Galdós


Edición: Libro electrónico
Páginas: 150

Esta novela, la tercera de la Segunda Serie de los Episodios Nacionales: El reinado de Fernando VII,  la publicó Benito Pérez Galdós en 1875


LA SEGUNDA CASACA continúa las memorias del inefable Pipaón que articulan el episodio anterior, trazando con idéntico humor la trayectoria que llevó a tantos del más rabioso absolutismo a la militancia liberal y que desembocó en el éxito del levantamiento de Riego. Junto con los personajes de Salvador Monsalud, Genara y Carlos Navarro, se retoma a su vez la peripecia novelesca que dio comienzo en «El equipaje del rey José», primer episodio de esta Segunda serie.


Comienza así:

¡Qué infames eran los liberales de mi tiempo! En vez de conformarse a vivir pacífica y dulcemente gobernados por el paternal absolutismo que habíamos establecido, no cesaban en sus maquinaciones y viles proyectos, para derrocar las sabias leyes con que diariamente se atendía al sosiego del Reino y a hundir a todos los hombres eminentes que describí en la primera parte de mis Memorias.

LEIDO por.... Andrés:

Continuan las memorias de Pipaón, dando entrada a las revueltas liberales. Reaparacen Monsalud, Navarro y Jenara.

Como ya comentamos, Galdós cambia en esta segunda serie de un solo protagonista, que en primera persona nos relata la historia, a varios protagonistas. Alterna el relato en primera persona con el narrador omnisciente, pero sin cambiarlo dentro de cada volumen. Sin embargo en este libro, que continúa las memorias de Pipaón, al final se ve obligado a cambiar de narrador, para poder completar la historia de manera adecuada.

Como ya nos tiene acostumbrados Galdós, asistimos al correr de la historia de España, ensamblada de manera magistral al devenir de los protagonistas de la ficción. Desde las revueltas liberales al «Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional».
 
El teniente coronel Rafael de Riego

Algunas palabras o expresiones que me han gustado, han sido:
perillán
como un recluta al cual de golpe y porrazo se le pusiera en la mano el bastón de general
están que se les puede ahorcar con un cabello.


Mi cachico:

Yo fui de los más veloces en invadir las Casas Consistoriales, en ocupar las oficinas, en apoderarme de una resma de papel de oficio, en expedir órdenes menudas a los subalternos. Así es que cuando Miraflores llegó, ya estaba yo allí dictando leyes, como un déspota, expidiendo órdenes y preparándolo todo para el gran acto que se iba a realizar.

De buena gana me hubiera nombrado alcalde a mí mismo; pero yo no era del 14. Con aquella presteza febril y verdaderamente maravillosa que yo tenía para las improvisaciones oficinescas, me impuse desde el primer momento, y a los diez minutos de intrusión, ya no podía hacerse nada sin mí. Yo solo sabía dónde estaban los pliegos, yo solo sabía en qué términos debían hacerse los oficios, cómo se había de ordenar lo que entonces se llamaba la Tabla del Excelentísimo Ayuntamiento.

También salí al balcón con otros, teniendo la suerte de enjaretar unos parrafillos tan bien dichos, tan conmovedores y del caso, que me aplaudieron frenéticamente. Yo fui quien inauguró los abrazos que tanto entusiasmaron a la generosa muchedumbre. Sin más ni más abracé al que tenía a mi lado, un liberalote furioso de toda su vida; este abrazó al vecino, y entre lágrimas y patrióticos pucheros nos abrazamos todos repetidas veces. Yo gritaba: «¡Se acabaron las discordias, se acabaron los odios! ¡Ya no hay más que españoles leales y amantes de la Constitución! Todos son hermanos. ¡Viva España, que es la Nación más sabia y más gloriosa del mundo! ¡Viva la Constitución! ¡Viva el Rey!».

¿Quién puede olvidar aquellos sublimes instantes? ¡Inefable día!

El marqués de Miraflores iba pronunciando los nombres de los individuos del Ayuntamiento. El pueblo aplaudía o denegaba, gritando: bien, bien, o ése no, ése no que es servil. Concluido esto, dirigiose a Palacio el Ayuntamiento recién establecido, para recibir el juramento de Su Majestad, y por el tránsito todo fue bullicio, loca alegría, vivas roncos, embriaguez indescriptible. Poco después, Madrid entero sabía que Fernando VII había jurado la Constitución

sábado, 13 de octubre de 2012

EPISODIOS NACIONALES, Serie segunda: 2. Memorias de un cortesano de 1815, de Benito Pérez Galdós

Edición: Libro electrónico
Páginas: 166
 
Esta novela, la segunda de la segunda serie de los Episodios Nacionales: El reinado de Fernando VII, la publicó Benito Pérez Galdós en 1875

En uno de los episodios más humorísticos, narrado por un personaje en quien resuenan ecos de la mejor tradición picaresca ­Juan Bragas o don Juan de Pipaón, como él prefiere llamarse­, Memorias de un cortesado de 1815 nos da entrada en el estrambótico mundo de la corte de Fernando VII, dominada por groseros y avispados arribistas que hacen y deshacen, tiran y aflojan cada uno en la medida de sus posibilidades, según los peores usos de la monarquía absoluta.

Comienza así:


En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, doy principio a la historia de una parte muy principal de mi vida; quiero decir que empiezo a narrar la serie de trabajos, servicios, proezas y afanes, por los cuales pasé en poco tiempo, desde el más oscuro antro de las regias covachuelas, a calentar un sillón en el Real Consejo y Cámara de Castilla.

LEIDO por.... Andrés:


En esta segunda novela se aprecia el acierto de Galdós al prescindir de un solo narrador para toda la serie, como ocurría en la primera, donde Gabriel de Araceli se vio obligado a recorrer media España para poder asistir a todos los acontecimientos históricos de relevancia. Esta libertad ya se aprecia ahora, donde su narrador se nos presenta así:
Yo soy aquel —respondo— que en los primeros años de su vida administrativa se llamaba Juan Bragas, nombre que a decir verdad no se distingue por su música, ni tiene saborcillo de elegancia, ni sonsonete o cancamurria de nobleza
personaje con las ideas muy clara respecto a su conducta, “
atento siempre al servicio del Estado y a mi propio interés, como Dios manda, vigilante y despierto en todos los momentos de la vida para que ninguna ocasión de ganancia se me escapase, y con cien ojos puestos en el panorama de los acontecimientos para sacar de ellos provecho”. Lo habíamos conocido en la primera novela por ser amigo de Salvador Monsalud y ahora, en primera persona, nos va a contar los entresijos de la corte de Fernando VII.

“Era un hombre admirablemente formado, de cuerpo estatuario y arrogante. Su edad no pasaría de los treinta y dos años, hallándose, según la apariencia, en aquella plenitud de la fuerza, del vigor y del desarrollo físico que marcan el apogeo de la vida”

Lo más deprimente de leer la novela, cínica, socarrona y despiadada, no es pensar que los tremendos hechos que nos relata Galdós  nos parezcan reales y creibles para la época, sino que nos los imaginamos, sin gran esfuerzo ahora mismo. No requiere un acto de imaginación excesivo el pensar que algo muy parecido sucede en la sede de un partido, en los alrededores del «lider» ascendido de manera fulgurante al «trono» tras ganar las elecciones. Sustitúyase Bandolera, canonjía, charretera, encomienda, por  Delegación del Gobierno, Consejero en una empresa, Asesor personal, etc y tendremos casi todo el trabajo hecho. Bien es verdad que a la par que suben los nuevos, caen los viejos. Como diría nuestro protagonista, con su sandunguero cinismo, se reparte riqueza.
 
 
“—La cojita no puede ser más mona —dijo, dando a sus ojos expresión semejante a la que en los suyos tenía alguno de los individuos del lienzo de Velázquez—. ¡Y qué cuerpo tan bien formado!… Es una preciosidad… una joyita de carne y hueso”

Una estupenda novela, para disfrutar tristemente de la realidad española. El humor de Galdós es más exquisito que nunca:
  • Carlos III, ante quien los ayos de D. Antonio se alzaron en queja, lamentando la desaplicación del niño, dijo: «si el infante no quiere estudiar, que no estudie», y el chico lo hizo al pie de la letra. Cuando fue grande se dedicó a los libros… quiero decir que era encuadernador
  • Unos días privaba este, otros aquel, según las voluntades recónditas y jamás adivinadas de un monarca que debiera haberse llamado Disimulo I
  • general que tenía la mejor mano del mundo para perder todas las batallas en que se encontraba
  • ¡Y cuidado si era sabio el príncipe! Como que la Universidad de Alcalá le hizo doctor de golpe y porrazo, dándole patente de Aristóteles.
  • el Criador del mundo debía de estar muy satisfecho por haber criado a Ugarte. Sin duda después que lo echó al mundo, vio que era bueno
  • aquella alta institución narcótico-nacional”, refiriéndose al Consejo de Estado.
  • Ya no se buscaba con candil, como en los días de Jovellanos y Campomanes, un vejete sabihondo para endilgarle la cédula de nombramiento, sin más méritos que haber escrito veinte mil informes indigestos. Godoy echó por tierra estos abusos, llevando a la Cámara a quien le dio la gana, sin distinción de talentos reales o postizos
  • si no se hubiera tenido mucho cuidado de cogerles los papeles, la justicia habría tenido que romperse los cascos para inventarlos después, lo cual es tarea larga y que da larga fatiga y quita mucho tiempo a los señores de la Comisión de Estado.
De lectura obligatoria en las sedes de los partidos y manual de cabecera de los jóvenes cachorros (a los viejos ya no hay quien los cambie).

Algunas palabras o expresiones que me han gustado, han sido:
ponerse de veinticinco alfileres
Al buen callar llaman Fernando.
Debajo del sayal hay al
tonto solemne de siete capas
se le antojan sus dedos huéspedes


Mi cachico:

Abran los oídos y escuchen y entiendan cómo un varón listo y honrado podía medrar y sublimarse por la sola virtud de sus merecimientos, sin sentar el pie en los tortuosos caminos de la intriga, ni halagar lisonjero las orejas de los grandes con la música de la adulación, ni poner tarifa a su conciencia o vil tasa a su honor, cual suelen hacer los menguados ambiciosillos del día, después que las sanas costumbres, la modestia, la sobriedad y la cristiana mansedumbre han huido avergonzadas del mundo, y son tan míseros de virtud los tiempos, que no se encuentra un hombre de bien aunque den por él medio millón de pícaros vividores.

¡Bendito sea Dios, padre de los menesterosos, sustento de los débiles, proveedor de los hambrientos, aposentador de los desamparados, amparo de los desnudos, alivio de todos los pobrecitos que quieren ganarse la vida, y despensero de las hormigas, de los pájaros y de los pretendientes!… ¡Bendito sea Dios, digo, que me ha conservado mis sueldos, gajes, pensiones, viáticos, emolumentos y obvenciones, para que desahogadamente y sin importunos cuidados pueda contar todos los pasos de mi fabulosa carrera! ¡Oh! ¿Por qué he de ocultarlo? Carrera como la mía no la hicieron más de cuatro, desde que brotó en la fecunda tierra el tallo de los empleos públicos y abrieron sus polvorientas corolas de papel los expedientes de Arbitrios, Propios, Tercias reales, Noveno, Pósitos, Paja y Utensilios, Frutos civiles, Mandas, Renta de la Abuela, Chapín de la Reina y demás yerbas que componían el placentero jardín de la Administración.

Verdad es que si a grandes altitudes llegué, buenos porrazos recibí en aquella bendita escala, luchando y desgreñándome a machaca-liendres con los que querían subir antes que yo; si mucho y rápidamente subí, agarreme también a buenos faldones. Y no se diga que manchan mi vida, como la de otros muy lucidos en sus carreras, acciones feas y vergonzosas. Eso no; que antes que nada es la inmaculada blancura de mi alma cristiana. Dios es testigo de que jamás metí la mano en bolsillo ajeno… ¡Jesús, qué horror! Antes me habría dejado tostar en parrillas que tomar de las arcas del Tesoro un ochavo de los que allí estaban, conforme a los libros de cuenta y razón… ¡Huye, Luzbel maldito! Vade retro!… Detesto las violentas acciones, mayormente cuando al varón allegador y celoso de su propio bien, no faltan mil ingeniosos arbitrios, sutilezas prudentes y habilísimas industrias para remediar sus escaseces. No fui yo el inventor de tales alivios; que los aprendí de maestros muy doctos, cargados de emolumentos, veneras, excelencias, y que pasaban por las más firmes columnas del Estado y de la Iglesia, de lo cual colijo que las sobredichas ingeniosidades no debían de ser pecaminosas. Y no digo más por ahora, que a su tiempo y sazón se verán palmariamente las agudezas de mi ingenio, y el filósofo así como el moralista, no podrán menos de aprobarlas.

miércoles, 10 de octubre de 2012

POR QUÉ NO SOY CRISTIANO de Bertrand Russell

Traducción: Josefina Martínez Alinani
Edición: 2010
Editorial: Diario Público
Páginas: 318

Este libro es una recopilación de varios ensayos escritos entre 1899 y 1954 por Bertrand Russell, famoso filósofo inglés considerado como una de las mentes más lúcidas del siglo pasado.

En ellos expone su posición ante el cristianismo hace un analisis crítico de sus postulados y rebate sus argumentos tradicionales.
 
Identifica el miedo como fundamento principal de la religión, cuestiona las contribuciones de la religión a la felicidad del ser humano y a la civilización y critica muy duramente los planteamientos del cristianismo en cuestiones sexuales.

Comienza así:

"Como ha dicho su presidente, el tema acerca del cual voy a hablar esta noche es «Por qué no soy cristiano». Quizá sería conveniente, antes de nada, tratar de averiguar lo que uno quiere dar a entender con la palabra «cristiano». Hoy en día la emplean a la ligera muchas personas. Hay quienes lo entienden como que una persona trate de vivir virtuosamente."

LEÍDO  por.... Andrés:

Siempre me interesó Bertrand Russell, pero no había leído ningún libro suyo. En el Mercadillo de Ozanam me apareció éste y no dude en comprarlo. Lo he disfrutado durante una sosegada lectura.

Lo primero que me ha asombrado de este libro ha sido la fecha en que fueron escritos los diferentes artículos. El ensayo que da nombre y abre el libro fue una conferencia impartida en 1927 y contiene, entre otras estas perlas:
  •  "Lo que realmente hace que la gente crea en Dios no son los argumentos intelectuales. La mayoría de la gente cree en Dios porque le han enseñado a creer desde su infancia, y ésa es la razón principal. Y me parece que la razón más poderosa e inmediata después de ésta es el deseo de seguridad"
  • "Uno halla, al considerar el mundo, que todo el progreso del sentimiento humano, que toda mejora de la ley penal, que todo paso hacia la disminución de la guerra, que todo paso hacia un mejor trato de las razas de color, que toda mitigación de la esclavitud, que todo progreso moral realizado en el mundo, ha sido obstaculizado constantemente por las iglesias organizadas del mundo. Digo deliberadamente que la religión cristiana, tal como está organizada en sus iglesias ha sido, y es aún, la principal enemiga del progreso moral del mundo."

El resto de los ensayos son de diferente interés. Algunos los he devorado y otros los he ojeado por encima. Se leen fácil, salvo La existencia de Dios, debate entre Bertrand Russell y el Padre F. C. Copleston, que tiene unos niveles de raciocinio que lo hacen más complicado.

Según lo leía me parecía que ya lo había leído antes, sin duda por la divulgación que han tenido sus argumentos por otras personas y en otros ámbitos, reafirmándome en muchas de mis creencias. Particularmente interesante me han parecido sus puntos de vista en el ensayo Sobre los escépticos católicos y protestantes,  de donde he seleccionado Mi cachico

Antes de llegar al apéndice, después de leer su opinión sobre temas tan diversos, no solo habla de religión, también profundiza en la moral de distintas conductas, uno entiende la campaña que las fuerzas más reaccionarias de Nueva York desataron cuando fue nombrado profesor de su universidad en 1940. A uno le traen recuerdos de campañas más recientes y más cercanas a nosotros.

Libro de gran interés para toda persona con sentido crítico. Para leer con detenimiento.

Mi cachico:

"Para el protestante, el hombre excepcionalmente bueno es el que se opone a las autoridades y las doctrinas recibidas, como Lutero en la Dieta de Worms. El concepto protestante de la bondad es de algo individual y aislado. A mí me educaron como protestante y uno de los textos que más inculcaron en mi mente juvenil fue: «No seguirás a una multitud para hacer el mal». Me doy cuenta de que, hasta ahora, este texto influye en mis actos más graves. El católico tiene un concepto completamente diferente de la virtud: para él, la virtud es un elemento de sumisión, no sólo a la voz de Dios revelada en la conciencia, sino a la autoridad de la Iglesia como depositaria de la Revelación. Esto da al católico un concepto de la virtud mucho más social que el del protestante y hace el tirón mucho mayor cuando rompe su unión con la Iglesia. El protestante que abandona la secta protestante particular en que había sido educado hace solamente lo que los fundadores de aquella secta hicieron, no hace mucho, y su mentalidad está adaptada a la fundación de una nueva secta. El católico, por el contrario, se siente perdido sin el apoyo de la Iglesia. Puede, claro está, unirse a otra institución, como la de los masones, pero permanece consciente de todos modos de la rebeldía desesperada. Y generalmente queda convencido, por lo menos subconscientemente, de que la vida moral está confinada a los miembros de la Iglesia, de modo que para el librepensador se han hecho imposibles las más altas clases de virtud."

BERTRAND RUSSELL

Inglaterra  (Tellech, 1872 - Penrhyndeudraeth, 1970)

Nació en una familia aristocrática, y recibió educación mediante tutores en su domicilio. Más tarde estudió Matemáticas en el Trinity College de la Universidad de Cambridge, continuando con los estudios de Filosofía. Marchó a Alemania y allí estudió Economía, y a su vuelta fue profesor de la London School of Economics y posteriormente en la Universidad de Cambridge. En 1916, perdió su puesto en esta universidad y fue encarcelado por sus posiciones pacifistas respecto a la Primera Guerra Mundial, posiciones que mantendría a lo largo de la Segunda Guerra Mundial y otros conflictos bélicos posteriores. Entre 1940 y 1950, intervino en emisiones de la BBC sobre temas de actualidad y filosóficos.

Es uno de los hombres que más profunda huella ha dejado en el pensamiento occidental de nuestro tiempo, y -fruto de una curiosidad intelectual casi ilimitada- se ha convertido en un referente en las más diversas ramas del saber. Estudió matemáticas, física y ciencias humanas en Cambridge. Su teoría de los tipos, con la que daba respuesta a la grave crisis que atravesaba la teoría de los conjuntos, abrió un nuevo campo a la lógica formal. En la filosofía moral y social, abordó las contradicciones entre individuo y sociedad, libertad y orden, progresismo y pesimismo, etcétera. Su insobornable actividad crítica hizo que fuera encarcelado en dos ocasiones y, enfrentado a la carrera armamentística nuclear y a la violencia en general, presidió el tribunal que juzgó los crímenes de guerra en Vietnam.

A lo largo de sus casi cien años de vida, trabó amistad con algunos de los hombres y mujeres más importantes de su tiempo, que desfilan por estas páginas en soberbios retratos: de Joseph Conrad, George Bernard Shaw y T.S. Eliot, a George Edward Moore, F. H. Bradley o Alfred North Whitehead, pasando por Jean Paul Sartre y Albert Einstein.

Además de profesor en Cambridge, donde Wittgenstein fue uno de sus alumnos aventajados, y conferenciante en universidades y centros culturales de todo el mundo, fue autor de una vasta obra escrita que le convirtió en el filósofo del siglo XX más leído por los lectores no especializados, y eso se debe sin duda a su característico e inconfundible sentido del humor, en el que la ironía desemboca a menudo en el sarcasmo más implacable, y en un estilo depurado.


Entre sus libros destacan la recopilación de ensayos Porqué no soy cristiano, Autobiografía y muchos libros de filosofía.

En 1949 fue nombrado miembro de la Orden del Mérito y en 1950 se le concedió el Premio Nobel de Literatura.

“Tres pasiones simples pero abrumadoramente fuertes, han gobernado mi vida: el anhelo de amor, la búsqueda del conocimiento, y la insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad”

(Más información: Wikipedia, Biografías y vidas, Epdlp)

lunes, 8 de octubre de 2012

EPISODIOS NACIONALES, Serie segunda: 1. El equipaje del rey José, de Benito Pérez Galdós

Edición: Libro electrónico
Páginas: 194

Esta novela, la primera de la segunda serie de los Episodios Nacionales: El reinado de Fernando VII
, la publicó Benito Pérez Galdós en 1875

El equipaje del rey José define irónicamente el botín que las tropas francesas abandonaron en su retirada de la península ante el empuje de las guerrillas y el ejército mandado por Wellington, principalmente tras la batalla de Vitoria, uno de los últimos episodios de la Guerra de la Independencia. Un nuevo personaje, Salvador Monsalud, toma el relevo de Gabriel de Araceli a la hora de vertebrar  la narración de los sucesos históricos en esta «Segunda serie».

Comienza así:

"El 17 de Marzo de 1813 salieron de palacio algunos coches, seguidos de numerosa escolta, y bajando por Caballerizas a la puerta de San Vicente, tomaron el camino de la puerta de Hierro.”

LEIDO por.... Andrés:

Cambia Galdós de protagonista, deja a Gabriel de Araceli, casado y bien situado, y elige a un afrancesado, además enrolado en el ejercito francés, lo que le permite presentarnos el enfrentamiento creado entre los españoles de entonces según su posicionamiento ante la invasión y las ideas francesas y que tanta importancia tendrían para nuestra historia futura. Este Salvador Monsalud, del que dicen: 
"—¡Perdido, perdido para siempre! —exclamó D. Fernando con inmensa angustia—. ¡Sin honor, sin principios, sin patriotismo, sin religión, sin lazo alguno con la sociedad, ni con España, ni con la familia, ni con Dios…! ¡Oh qué aflicción, qué castigo, Dios mío!"
y que las muchas necesidades le inclinaron a afrancesarse, pero fiel cumplidor de su palabra, “Una vez dado este paso, ya no puedo volver atrás, porque el honor me prohíbe vender a los que me han dado un pedazo de pan para vivir y una espada para que los defienda.”, no quiso dar marcha atrás hasta que estaba en peligro su vida.

Y como antagonista tenemos a
"Carlos Navarro, el hijo de D. Fernando Garrote, es la admiración de esta villa y el honor de todo el país de Álava"


Ambos enfrentados por sus actitud ante la invasión, por sus ideas y por una mujer, Genara,  que
"era una muchachuela bonita, de apariencia delicada y casi infantil" pero de la que Galdós, anticipándonos su conducta  nos dice también: “ esta hermosa bestiecita, esta mujer linda y profunda, este hermoso vaso lleno de tempestades, y que conteniendo el Océano parece una redoma de peces



 "Madrid y su palacio y su polvo y su claro cielo y su aire sutil 
no fueron ya para el hermano de Bonaparte más que un recuerdo."

Cambia también Galdós de voz y de focalización. Si en la primera serie Gabriel era el narrador y foco de ésta y todo no lo contaba en primera persona, en esta segunda se trata de un narrador omnisciente, que cambia de focalicación en su narración.

Y como siempre, un humor que a mi me encanta:
 
  • "—Todavía no es el tiempo de la bellota, señores —repuso otro, que se preciaba de no abrir la boca sin regalar al mundo alguna frutecilla picante y sabrosa del árbol de su ingenio."
  • "Repartió de plano con seguro puño algunos golpes, y sin ser Papa creó gran número de cardenales en menos que canta un gallo. "
  • "(Tumulto y extraordinaria sensación, acompañada de sonoros bramidos y vocablos que no lleva en sus blancas páginas el Diccionario por miedo a ruborizarse)."
  • "dándole a la lengua sin descanso por espacio de dos horas, azotaron a medio mundo con la piel arrancada al otro medio."
  • "Serafinita pecaba de caprichosa, holgazana, embustera, y tenía más vanidad que una princesa, gustando mucho de emperifollarse, y sobre todo de aparentar posición y suponer posibles muy superiores a lo que en realidad tenían ella y su marido, pues reunida la fortuna inmueble de entrambos, allá se iba con la nada."

 

Caricatura alusiva al apodo de Pepe Botella. Abajo se puede apreciar:
Cada qual tiene su suerte, la tuya es de borracho hasta la muerte.

Aunque el cambio de registro nos dificulta el entrar en la novela en las primeras página, con una trama folletinesca y su admirable prosa vuelve a engancharnos y para que no podamos parar de leer esta segunda serie, el libro acaba con el máximo suspense, como en la más pura novela de entregas. 

Batalla de Vitoria, el 13 de junio de 1813, de Starely

Algunas palabras o expresiones que me han gustado, han sido:
Desventuradas aventuras
Este chico tiene la cabeza a las once y está podrido de ella.
Tierra del garbanzo
Tenía la llave dorada

Palabras recuperadas, bueno, más bien anticipadas:
no es ninguna familia de tres por un cuarto
punto en boca
perdona-vidas
Poner en salvo

Palabras o expresiones que me han sorprendido:

Cucharetear


Mi cachico:
 

"Los ingleses llegaron despiadados, horribles, hambrientos de matanza y de botín, como hombres que habían estado luchando todo el día por ambas cosas. Precipitáronse entre la multitud, mas como no podían avanzar a causa de los entorpecimientos del camino, les fue difícil perseguir a los fugitivos, y toda la saña recayó sobre los que no habían podido escapar.

El botín era el más magnífico, el más rico y grande sin duda que en batalla alguna ha podido quedar a merced de vencedor furioso. Componíase de todo: en él había armas, material de guerra, víveres, alhajas, dinero y hermosura. No puede formarse idea de la apasionada codicia, de la brutal concupiscencia, del vengativo ardor con que los ingleses primero y los guerrilleros después cayeron sobre el magnífico tesoro abandonado. La menor resistencia producía la muerte. En poco tiempo todas las cajas fueron abiertas, todos los tesoros aprehendidos, muchas riquezas holladas.

Joyas, ropas, telas finísimas, muebles, cuadros, plata labrada, monedas, víveres de lujo que constituían la despensa ambulante de José, fueron esparcidos por tierra, y mil manos febriles arrebataban de un lado para otro los preciosos objetos. Según el genio de cada cual así se iban derechos los unos al oro, otros a las mujeres, y algunos a destrozar por puro instinto dañino cuanto veían delante. Entre las desgraciadas familias que se vieron en tan tremenda hora, hubo algún individuo que se dio la muerte antes que le pusieran la mano encima los feroces partidarios. Las señoras imploraban de rodillas piedad para sí y sus tiernos hijos, siendo muy contadas las que la alcanzaron. El vencedor es la más brutal e insensata bestia que engendra el mal en las tempestades humanas. Para esta electricidad furibunda que sabe elegir el sitio donde cae, no existe pararrayos."